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Biogénesis

 En el mismo siglo XVII, otro médico y biólogo llamado Francisco Redi, realizo varios experimentos sobre la generación espontánea y planteó su desacuerdo con esta teoría. Redi llevó a cabo un experimento para poder comprobar que la hipótesis de la generación espontánea no es cierta. Su experimento consistió en colocar cuatro frascos que contenían carne, algunas serpientes, peces y anguilas y los selló completamente. También colocó cuatro frascos más que contenían los mismo a elementos, pero esta vez los dejó abiertos. Después de unos días los frascos abiertos presentaron gusanos y otros organismos mientras que los frascos sellados permanecieron intactos y sin la presencia de formas vivientes. Redi concluyó que la vida sólo puede surgir de una vida preexistente y esta teoría se le conoce como "biogénesis". A pesar del experimento de Redi, la teoría de la generación espontánea no fue derrotada, ya que esta hipótesis se había creído cierta durante mucho tiempo y no era fácil dejarla de lado tan rápidamente. El biólogo holandés, Antón van Leeuwenhoek, perfecciona, pocos años después del experimento de Redi, un microscopio simple y con él examina varias sustancias en la cuales encuentra organismos vivientes muy pequeños y que no se conocía de su existencia anteriormente. Este hecho dio nuevas esperanzas a la teoría de la generación espontánea. Leeuwenhoek no se dedicó a buscar soluciones ni a apoyar uno u otra teoría, él sólo dio a conocer sus observaciones y dejó los experimentos a otros. En 1745, John Needham, realiza un experimento, en el cual calentó varias sustancias que contenían pequeñas partículas de alimentos, los selló y volvió a calentar y luego de unos días observó formas vivientes. Este experimento sirvió para reafirmar la teoría de la generación espontánea. Sin embargo, años más tarde, Lazzaro Spallanzani, llevó a cabo otro experimento que consistió en llenar varios envases con jugos vegetales, los cuales selló y calentó hasta que hirvieran por una hora. Luego de esto no se observaron formas vivientes, resultado que cuestionó el experimento de Needham, pero no lo derrotó, ya que éste expuso que Spallanzani había destruido el principio activo de las sustancias, por lo que su experimento no tenía validez. Para el año 1860, el francés, Luis Pasteur se interesó en este problema del origen de la vida. Este importante biólogo demostró que en el aire se pueden encontrar numerosos microorganismos y que cualquier materia no viviente puede contaminarse a causa de estas bacterias presentes en el aire y pudo comprobar que estos organismos no aparecían si las soluciones de los alimentos han sido cuidadosamente esterilizadas. A pesar de los importantes experimentos de Pasteur, la teoría de la generación espontánea todavía no era derrotada y el argumento de Needham acerca de la destrucción del principio activo no se le había podido encontrar respuesta alguna. Pero luego de una encontrada controversia que duró algunos años, Pasteur pudo dar muchas respuestas gracias a su experimento de los matraces con cuello de cisne. Pasteur llena de varios líquidos, como levadura de cerveza, agua de levadura de cerveza con azúcar, orine, jugo de remolacha y agua de pimienta, algunos matraces con el cuello alargado y curveado en forma de cuello de cisne, los cuales fueron hervidos pero permitiendo la entrada de aire a través de estos cuellos. Mientras el líquido se enfriaba se podía observar como en la curvatura humedecida del cuello del matraz podían encontrarse organismos vivos que entraban con el aire y se depositaban en ese lugar sin entrar al líquido dentro del recipiente, manteniéndolo intacto. En este experimento se demostró que se mantenía la capacidad para mantener la vida, se le permite la entrada del principio activo del aire a los recipientes y aún no se observa ningún organismo vivo en las soluciones, las bacterias, que provienen del aire se depositan en la curvatura del cuello y una vez que se rompe este cuello, la solución se contamina y es cuando aparecen los organismos. Gracias al experimento de Pasteur la teoría de la biogénesis toma fuerza, pero esta hipótesis todavía presenta interrogantes que se debían responder. Una de las preguntas que nacen de la teoría de la biogénesis es si todos los seres vivos tienen un antepasado común, y de ser así, cómo es posible que existan una variedad tan grande de organismos. Aunque esta pregunta es respondida en gran parte por la teoría de la evolución, pero de todas formas nos queda otra importante interrogante que argumenta que si la vida es originada por otro organismo vivo, de dónde se originó la primera forma viviente. Para responder esta pregunta se han realizado también varias hipótesis. Una de ellas es que la vida llegó a la tierra en forma de bacterias, partículas de polvo o meteoritos provenientes del Universo, pero esta teoría no es tan válida ya que con ella sólo se explica el origen de la vida en este planeta, más no el origen de donde este organismo provino. El otro inconveniente de esta teoría es que estas partículas tuvieron que soportar grandes cambios de temperatura y de radiación, lo que hace que se cuestione que estos organismos hayan sido tan resistentes. Otra teoría que se plantea es si los primeros seres vivos fueron formas autótrofas, es decir, que eran capaces de sintetizar su propia sustancia nutritiva. Algunos autótrofos usan la energía del sol para elaborar sus sustancias nutritivas otros utilizan energía que proviene de las reacciones químicas. De acuerdo a esta hipótesis la primera forma viva fue un ser que pudo ser capaz de elaborar su propio alimento. Esta hipótesis también presenta inconvenientes, ya que los autótrofos son organismos bastante complejos, por lo que se entiende que los primeros seres vivos fueron desde un primer momento sistemas complejos, lo que difiere de la teoría de la evolución que asegura que todo organismo complejo proviene de uno más simple. Puede aceptarse el hecho de que estos organismos simples fueran evolucionando lentamente hasta ser más complejos, lo que hace que esta teoría no sea totalmente falsa o incorrecta. La teoría de los autótrofos sostiene dos posiciones; la de un organismo complejo que se origino en un ambiente simple y la de un organismo simple que se origino en un ambiente complejo. La otra teoría es la de si los seres vivos se originaron de formas heterótrofas, es decir, aquellas que no pueden elaborar su propio alimento, aunque puede ser capaz de elaborar algunos compuestos, pero depende de una fuente externa para su alimentación. El hombre y casi todos los animales somos heterótrofos. Esta hipótesis sostiene entonces que organismos muy simples evolucionó muy lentamente a partir de materia no viviente bajo condiciones ambientales específicas. La teoría de la evolución de Darwin está muy ligada a estos planteamientos. Darwin sostuvo que podía concebirse la idea de que en una pequeña laguna tibia en donde se encontraran sales fosfóricas y amoníacas, luz, calor y electricidad, se hubiera podido formar, a través de procesos químicos, un compuesto proteínico donde se hubiesen podido crear cambios complejos

Las células madre
           Vuelven a ser noticia.


Estas péquelas células, invisibles a simple vista, volvieron a ser el centro de atención de miles de personas en buena parte del mundo.
Los investigadores del laboratorio Advanced cell Technology, ATC, de los Estados Unidos, consiguieron producir las células madre clonando células humanas. Michael West, el presidente de ATC, ofreció conferencias donde aclaro que su meta es curar y no producir bebes.
El mundo medico ha visto con esperanza las potencialidades que ofrecen las células madre como un posible tratamiento para muchas enfermedades distintas. El problema ha sido como conseguir estas células.
Para obtenerlas, José Cibelli, director de la investigación, y sus colaboradores indicaron varios caminos distintos. En un principio, utilizaron la técnica llamada de transferencia nuclear, que consiste en usar una aguja extremadamente delgada para extraer material genético de un ovulo maduro. Después separaron el núcleo de un fibrobroblasto (una célula de la piel]) lo introdujeron en este ovulo y lo incubaron en condiciones especiales que le permitirán dividirse y crecer. Entonces cambiaron a la técnica que uso el investigador Teruhiko Wakayana y sus colegas de la Universidad de Hawaii para clonae ratones en 1988, esta consiste en utilizar células llamadas del cumulo, que rodean y nutren al ovulo cuando aun esta el ovario. Entonces los investigadores recurrieron a una tercera técnica: la partenogénesis, que consiste en inducir óculos humanos a que se dividan sin que ocurra ni la fertilización ni la transferencia nuclear. En el experimento se clonaron óvulos, que son células femeninas; en el caso de los hombres, los investigadores piensan que podrían unir el material genético de dos espermatozoides para, posteriormente, implantarlo en un ovulo sin núcleo y seguir el mismo proceso. Habían logrado nuclear por primera vez células humanas.
La clonación por partenogénesis es un avance medico increíble por el hecho de que si por este método se logra desarrollar células madre y después se consigue que estas se especialicen en ciertos tejidos o células, no va a presentar el problema de rechazo que es común en los implantes.
No hay duda de que las células madre seguirán dando de qué hablar en un futuro bastante próximo.